"At least that's what we say we are doing"
Saber de qué manera se vincula lo real con el lenguaje es un problema por demás discutido en la filosofía contemporánea, así es que una de las ideas más afortunadas dentro de estas discusiones es la de J. L. Austin, para quien al momento en el que decimos por ejemplo, “Yo sé…” o “Yo prometo…”, no tratamos de afirmar la verdad o falsedad de un hecho, sino que hay en esas oraciones un elemento coercitivo, que nos compromete con lo que decimos como ofreciendo garantes, y afectando el rumbo de nuestros actos, haciendo cosas con las palabras.
Pero si en enunciados como esos comprometemos nuestra conducta, ¿qué pasa cuando no se dice ni una palabra al respecto? ¿Igualmente se podrían hacer cosas con el silencio? ¿Con qué nos comprometemos o dejamos de hacerlo cuando no se dice nada? Ya dice el cínico Oliveira contra la pretendida acción heroica, que más vale pecar por omisión que por comisión.
Parecería haber una especie de temblor constante ante la enunciación de algo irreversiblemente inadecuado, volver un estado de cosas algo determinado ya así para siempre , claro que suena exagerado,¿ pero no es eso acaso de lo que huimos cuando preferimos guardarnos contra nuestros impulsos lo que no se soporta más seguir callando? Justamente porque las palabras desencadenan acciones y reacciones,-ya la retórica, esa adiestradora de pasiones, desde muy temprano lo supo- es que hay que andarse con cuidado con las palabras, esas perras negras.
Porque existe un profundo impacto de lo que se dice o no en de la praxis humana, es que frecuentemente nos encontramos ante ese inestable equilibrio entre la contención del silencio o la expresión del habla, de nuestras intensiones, deseos, o graves sentimientos, porque uno nunca sabe qué palabras o acciones anuncian algo definitivo, un cambio fatal e irrevocable en sus relaciones, porque muchas cosas, tantas cosas, dependen de las palabras que se dicen a su debido tiempo, o de las que se calla, o de las que simplemente nunca aparecen en el momento en el que las buscamos.
Finalmente creo que nunca sabré qué es lo que decimos cuando callamos, qué sucede en esos intersticios mudos, en donde el silencio aparece como elipsis infinita, de la cual depende totalmente el sentido de nuestros relatos inacabados, de esos que parecen velar más de lo que realmente ocultan, pero de lo cual al final nunca estaremos seguros.
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