la brocha aquí está

Recuerdo que me ardía la nariz, creo que incluso por allí corrió el vómito, y sin embargo se sentía tan divertido, tan fiesta, tan estoy-viviendo-una-vida-como-cualquier-otra-casi-veinteañera. Qué patético debe ser que incluso la expulsión de ácido estomacal y demás sustancias por las fosas nasales me parezca una experiencia relevante. Digo, además ni siquiera me encontraba en un estado en el cual simplemente pudiera sentir las cosas, sino que para sentir eso hubo que haber consumido primero algo que me hiciera sentir mucho mucho más, casi nada, para que cualquier estímulo resultara lo suficientemente excitante como para significar algo. Y al final tampoco llego ni a sentir por mí misma ni tampoco a quedarme sintiendo, así nada más, aquello que como sea sólo llego a creer que siento. Todo sería más fácil si pudiera dejar de pensar que efectivamente hay un lugar al que se llega a … supongo que al final Dios no ha muerto y que más bien ahora anda disfrazado de quién sabe qué puta barata(es increíble que aún se recorra a tal analogía, lo que sea, un mercadólogo, un retórico, el más vulgar mentiroso que a ratos somos cada uno de nosotros) que nunca llega siquiera a decirnos por cuánto es que se vende, ni siquiera qué ofrece, (se supone que hay algo mejor que estar jodido pero creo que al final nadie alcanza a visualizarlo, debe ser una cosa tan imposible de figurar como esa estupidez del círculo cuadrado, hasta los lógicos lo admiten pero nadie es lo suficientemente honesto como para decir que no alcanza a ver un carajo), pero que igual logra hacernos creer que verdaderamente existe tal lugar de arribo, y que sobre todo, estamos ansiosos por abordarlo.

Jajajaja

EXPLOTO y lloro y bailo y nazco y no muero... y crecen en mi cosas y lloran y nacen y mueren y bailan y no importa.
Y creo y mato y creo y no importa. Y quiero matar y quiero morir y quiero hacer y no quiero nada y quiero todo. Y no sé, quisiera abarcar tantas experiencias y esencias... y no sé, no hago nada... y no sé ya no quiero nada...

RetratanDo

retrato de un amigo uña...musica de Atom™


Una buena analogía de lo que tal vez no soy: Afrodita bailando cumbias con uniforme de chef, en una playa sin sal. Un atardecer morado-lila-azul-negro(de muerte) en un estado etílico (de whiskey, chelas y un vodka lisérgico) entre nebulosas de humo de incienso, mariguana y tabaco, recitando palabras al azar que parecen algún poema de Bukowski. Acompañado de marmotas bailando coreografías de N sync, también está Marx rezando canciones judias-paganas y junto a él está Stravinsky vestido de neglille dandole nalgadas (super sexy) a Ian Curtis (super lloron), y éste solo llora y llora (con sus lagrimas hay gatos que acarrean cubetas para que Rimbaud se las inyecte y así volar a la luna que ni es de queso, ni es un satélite sino es una manzana verde podrida). Y dentro de Rimbaud está Obahama haciendo malabares mientras es visto por mil millones de payasos de todas edades, razas y especies, nadie le aplaude más que un caracol confundido por que cree que el espectáculo es todo esto que pasa dentro de Rimbaud, pero ni modo el choca cuando llega a la manzana podrida y esto nunca nadie sabra que existío. Tal vez y solo talvez la manzana pero esa manza no sabe hablar, así es que la tengo que omitir... Fin (la verdad nunca hay fin)

No sé

Algo, hay algo, o no sé si sea la ausencia de otra cosa. Pero creo que hay algo, dentro afuera. No sé. Siento que exploto, quiero explotar o me explotan, no sé. No quiero, algo se expande dentro, si quiero, no solo algo, muchas cosas, violetas, hipopotamos, sangre, miedos, terremotos, volcanes, pintura, letras, chocolates, café, sobre todo música. Creo que esto no pasa. Solo estoy perdido en mi lenguaje, en su lenguaje y también en el nuestro.

Aquella mujer se llama Muerte

En el silencio blanco se murmuran muchas lenguas que no deben ser pronunciadas, voces que bailan y se retuercen en las comisuras de sus labios paganos. Forman figuras concéntricas que se consumen con el fuego de las velas.
Esta revelación me ocurrió cuando era un niño, en un ritual que me era complatamente ajeno. Todos estaban sentados alrededor de un féretro negro con broqueles y agarraderas plateadas, algún familiar que no puedo recordar se hallaba dentro.
Los hombres miraban al piso mientras las mujeres sollozaban cuando escuche esas voces que son su voz entre las oraciones que se repetían tantas veces que pensé que nunca acabarían.
Me hablaba como lo hacía mi madre cuando me portaba bien en el colegio, me dijo que era un buen chico y podría jugar con sus hijos pero tendría que cuidarlos muy bien porque eran ciegos. Me enseño que los antepasados habitan el agua, los sapos son sus guardianes y en las noches de lluvia hablan y cantan a través de ellos.
No volví a escuharla, solo pude reconocer su trabajo, fijarlo en mis recuerdos: la piel pálida, los ojos cristalinos, los miembros rígidos y la luz macilenta que lo envuelve todo.
No pudé olvidarla, quise saber más de ella, estudié sus procedimientos, las antiguas ceremonias, su olor y su tacto, probé la tierra blanda, escuche el trinar de las aves en los cementerios, invoque a sus heraldos con la nigromancia.
Solo la pude ver una vez, estaba en el jardín de los recuerdos, una pequeña mariposa negra se posó sobre una amapola, mi abuela me tomó de la mano, la miré y le dijé: esa mujer sentada en la flor, ¿Cuál es su nombre?

(I)

Desperté temprano, abrí el cajón, saque mis cigarros, me levanté para buscar el encendedor en la chamarra negra que traía puesta antes de dormir, encontré una pluma, un pañuelo azul y un papel gastado y mal cortado con un pensamiento de Francois Mauriac sobre la muerte. Saqué el encendedor de la bolsa del pantalón, encendí el cigarro en la ventana, el sol estaba en el horizonte pero la luna se seguía mostrando, blanca casi transparente, bella y cínica, anunciándome que la noche no acabaría. Sentí nauseas y después vértigo, pensé que era el humo del cigarro, lancé la colilla hacia la calle. Me vestí con lo que había en el montón de ropa junto a los periódicos, tomé las llaves del coche y mi teléfono. Conducía sin rumbo, en silencio, quería alejarme de la ciudad y de la luna, bajé la ventana, encendí otro cigarro, en una vereda arbolada a un lado de la carretera me detuve, tenía que llamar a mi padrino, de la guantera saqué el folleto para buscar el número, era la primera vez que lo llamaría desde que nos vimos, me tomé un tiempo, abrí el folleto, nunca lo había leído, empecé por la segunda página:
Melancólicos Anónimos
Surge de la necesidad de abrir vías de comunicación para dialogar sobre cuestiones que afectan a muchas personas, minando la posibilidad de disfrutar lo que la condición melancólica puede ofrecerles en aras de lo profundo y lo sublime.
¿Está la humana condición de ser pensante relacionada con la aflicción?
La melancolía es un estado muy particular de ensimismamiento que no tiene que ver con la depresión. Es una tristeza sin fundamento, sin razón de ser, relacionada con el temperamento romántico y con la disposición a un tipo de contemplación que, en su movimiento, similar al movimiento amoroso, se debate en su propia contradicción.
Continúe leyendo en la primera página:
¿Es el ejercicio de la conciencia una posible razón para la tristeza del pensamiento? ¿Es éste una razón del fundamento melancólico de nuestra existencia?
La naturaleza falible de nuestro conocimiento, la certeza de nuestra mortalidad, única verdad que nos recuerda la soledad en la que finalmente, habita nuestra conciencia y el vértigo que produce lo perecedero, entre otras cosas, promueven que una personalidad devenga melancólica.
¿Se puede curar la melancolía?
Al ser un estado relacionado con la conciencia y la sensibilidad individual, como tal, no puede curarse. Sin embargo es posible encaminarla a fin de no padecer una crisis que lleve a tocar fondo. La melancolía, bien encauzada, puede verse como una condición que estimule el sentimiento de lo sublime.
En la contraportada encontré el número, marqué a prisa, los dedos me temblaban, solo pude escuchar una voz plástica que me dijo: El número que usted marcó no existe, favor de verificarlo, gracias.