Recuerdo que me ardía la nariz, creo que incluso por allí corrió el vómito, y sin embargo se sentía tan divertido, tan fiesta, tan estoy-viviendo-una-vida-como-cualquier-otra-casi-veinteañera. Qué patético debe ser que incluso la expulsión de ácido estomacal y demás sustancias por las fosas nasales me parezca una experiencia relevante. Digo, además ni siquiera me encontraba en un estado en el cual simplemente pudiera sentir las cosas, sino que para sentir eso hubo que haber consumido primero algo que me hiciera sentir mucho mucho más, casi nada, para que cualquier estímulo resultara lo suficientemente excitante como para significar algo. Y al final tampoco llego ni a sentir por mí misma ni tampoco a quedarme sintiendo, así nada más, aquello que como sea sólo llego a creer que siento. Todo sería más fácil si pudiera dejar de pensar que efectivamente hay un lugar al que se llega a … supongo que al final Dios no ha muerto y que más bien ahora anda disfrazado de quién sabe qué puta barata(es increíble que aún se recorra a tal analogía, lo que sea, un mercadólogo, un retórico, el más vulgar mentiroso que a ratos somos cada uno de nosotros) que nunca llega siquiera a decirnos por cuánto es que se vende, ni siquiera qué ofrece, (se supone que hay algo mejor que estar jodido pero creo que al final nadie alcanza a visualizarlo, debe ser una cosa tan imposible de figurar como esa estupidez del círculo cuadrado, hasta los lógicos lo admiten pero nadie es lo suficientemente honesto como para decir que no alcanza a ver un carajo), pero que igual logra hacernos creer que verdaderamente existe tal lugar de arribo, y que sobre todo, estamos ansiosos por abordarlo.

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