(I)

Desperté temprano, abrí el cajón, saque mis cigarros, me levanté para buscar el encendedor en la chamarra negra que traía puesta antes de dormir, encontré una pluma, un pañuelo azul y un papel gastado y mal cortado con un pensamiento de Francois Mauriac sobre la muerte. Saqué el encendedor de la bolsa del pantalón, encendí el cigarro en la ventana, el sol estaba en el horizonte pero la luna se seguía mostrando, blanca casi transparente, bella y cínica, anunciándome que la noche no acabaría. Sentí nauseas y después vértigo, pensé que era el humo del cigarro, lancé la colilla hacia la calle. Me vestí con lo que había en el montón de ropa junto a los periódicos, tomé las llaves del coche y mi teléfono. Conducía sin rumbo, en silencio, quería alejarme de la ciudad y de la luna, bajé la ventana, encendí otro cigarro, en una vereda arbolada a un lado de la carretera me detuve, tenía que llamar a mi padrino, de la guantera saqué el folleto para buscar el número, era la primera vez que lo llamaría desde que nos vimos, me tomé un tiempo, abrí el folleto, nunca lo había leído, empecé por la segunda página:
Melancólicos Anónimos
Surge de la necesidad de abrir vías de comunicación para dialogar sobre cuestiones que afectan a muchas personas, minando la posibilidad de disfrutar lo que la condición melancólica puede ofrecerles en aras de lo profundo y lo sublime.
¿Está la humana condición de ser pensante relacionada con la aflicción?
La melancolía es un estado muy particular de ensimismamiento que no tiene que ver con la depresión. Es una tristeza sin fundamento, sin razón de ser, relacionada con el temperamento romántico y con la disposición a un tipo de contemplación que, en su movimiento, similar al movimiento amoroso, se debate en su propia contradicción.
Continúe leyendo en la primera página:
¿Es el ejercicio de la conciencia una posible razón para la tristeza del pensamiento? ¿Es éste una razón del fundamento melancólico de nuestra existencia?
La naturaleza falible de nuestro conocimiento, la certeza de nuestra mortalidad, única verdad que nos recuerda la soledad en la que finalmente, habita nuestra conciencia y el vértigo que produce lo perecedero, entre otras cosas, promueven que una personalidad devenga melancólica.
¿Se puede curar la melancolía?
Al ser un estado relacionado con la conciencia y la sensibilidad individual, como tal, no puede curarse. Sin embargo es posible encaminarla a fin de no padecer una crisis que lleve a tocar fondo. La melancolía, bien encauzada, puede verse como una condición que estimule el sentimiento de lo sublime.
En la contraportada encontré el número, marqué a prisa, los dedos me temblaban, solo pude escuchar una voz plástica que me dijo: El número que usted marcó no existe, favor de verificarlo, gracias.






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